Cada temporada, el deporte base en Aragón y en toda España se moviliza hacia torneos y concentraciones que requieren desplazamientos de varios días. Para el entrenador, esta experiencia enriquecedora conlleva una responsabilidad de custodia temporal que a menudo no se dimensiona correctamente, como hemos visto en casos recientes en Aragón en el ámbito educativo. Ya seas un profesional remunerado o un voluntario, el entrenador ejerce de facto como responsable de la seguridad física y emocional de los menores. 

Riesgos: La delgada línea entre el éxito y el juzgado

El estatus de voluntario no exime de la responsabilidad legal. Ante un incidente, los riesgos se manifiestan en tres vertientes críticas:

  • Responsabilidad Civil: El entrenador puede ser señalado por daños sufridos por el menor o causados por éste a terceros si se demuestra falta de vigilancia o negligencia en la toma de decisiones. Un accidente en el hotel o una lesión durante una actividad no controlada puede derivar en reclamaciones económicas de gran envergadura. 
  • Responsabilidad Penal: En situaciones de imprudencia grave, omisión de socorro o ante delitos de carácter sensible (como el consumo de alcohol o acoso), la responsabilidad es estrictamente personal. Aquí, el seguro del club no evita una posible querella criminal. 
  • Riesgo Reputacional: El impacto de un conflicto con las familias o una mala gestión de un incidente puede suponer un importante borrón en la carrera deportiva, independientemente de si existe una condena judicial. 

El papel de los clubes y los coordinadores: Protocolos como soporte y ayuda

Para que el entrenador no actúe basándose únicamente en el “sentido común” —que no sustituye a una estructura de protección— los clubes y coordinadores deben implantar sistemas de trabajo y protocolos rigurosos: 

  • Estandarización de procesos: Establecer ratios claros de monitor/menores y horarios de supervisión nocturna estrictos. 
  • Gestión documental: Garantizar que cada salida cuente con autorizaciones de viaje, permisos para atención médica de urgencia y fichas médicas completas (alergias, medicación) firmadas por los tutores. 
  • Comunicación oficial: Definir pautas de comunicación con las familias, para evitar interpretaciones erróneas y mantener siempre los límites profesionales. 

Medidas de protección institucional para los clubes

Un club responsable debe ofrecer un escenario de protección máxima para que sus entrenadores y monitores deportivos trabajen con la máxima confianza y respaldo: 

  1. Seguros de amplio espectro: Es imprescindible contar con un seguro de responsabilidad civil que incluya explícitamente desplazamientos y pernoctaciones
  2. Seguridad Personal: Fomentar protocolos que eviten que el entrenador esté a solas con un menor, priorizando siempre los espacios compartidos o la presencia de otro adulto para prevenir falsas acusaciones. 
  3. Emergencias: definir protocolos claros de actuación para entrenadores y monitores en caso de situaciones de emergencia, con cursos de formación anuales si fuera necesario.
  4. Respaldo y Defensa Jurídica: El club debe garantizar asesoramiento legal y cobertura de defensa ante cualquier incidencia derivada de la labor deportiva. 

En definitiva, la profesionalidad de un club se mide en su capacidad para proteger a quienes forman a sus jugadores. 

No se trata de entrenar y viajar con miedo, sino de exigir una estructura que permita centrarse únicamente en lo deportivo. 

La evolución de la sociedad debe conllevar un estudio serio por parte de clubes y entidades alrededor del deporte base para que el marco de la actividad, que a día de hoy es mayormente vocacional, mal remunerado y sin estándares claros en cuánto a la formación de los formadores y su papel, sea al menos seguro jurídicamente y con las debidas garantías, que en ningún caso deben ir en menoscabo de la responsabilidad individual en la protección del menor, y que en definitiva deben construir un marco seguro para los menores y los entrenadores.

Junta Directiva AAEEB

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